Teología
![]() | "La Iglesia va camino de convertirse en un gueto o una secta, en algo irrelevante" |
![]() | Publicado el 10-10-2010 por ARREGUI, José Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 509 ↓ |
"La Iglesia va camino de convertirse en un gueto o una secta, en algo irrelevante"
Joxe Arregi ha sido sacerdote y franciscano hasta hace un mes, en que inició su secularización y exclaustración, tras decidir no acatar, por razones de conciencia, libertad personal y fidelidad al Evangelio, las órdenes del actual obispo de San Sebastián. Abarrotó el primer Foro Gogoa en Pamplona Javier Pagola - Domingo, 10 de Octubre de 2010 - Arregi José foro-gogoa-5_jpg_2010100620_1.jpg Eduardo Galeano dijo que "hay que tener el coraje de estar solos y la valentía de estar juntos" ¿Se parece eso a su situación actual? A mí me han conmovido la invitación del Foro Gogoa, la afluencia masiva y el largo aplauso de tanta gente que me quiere. Pero lo importante es que, reunidos, podemos encontrar palabras de presente que crean el mundo futuro. Dios crea de nuevo todas las cosas, aprovecha nuestras posibilidades para producir vida. ¿Por qué dice usted que hay que aprender a ser buenos y felices? "La felicidad es lo que hace buenas a las personas, no las leyes rígidas escritas en tablas de piedra" Ese es el primer mandamiento. Tal vez el único. La palabra "dichosos", felices, aparece 50 veces en el Nuevo Testamento. Las bienaventuranzas resumen toda la alternativa y el programa de vida que propuso Jesús. Es el tiempo de ser felices. La felicidad es lo que nos hace buenos, no las leyes rígidas escritas en tablas de piedra. Es la felicidad la que nos hace humildes, compasivos, pacificadores, dadores de felicidad a otras personas. Y es la bondad la que nos hace ser dichosos. Esa es la magia de Dios: hacernos felices con la sola bondad. Pero el Evangelio parece contradictorio. Jesús dice que ha venido a traer fuego, espada, división y discordia ¿No es así? Sí. Según ha descubierto la investigación sobre el Jesús histórico, es seguro que esas son palabras que él pronunció. Con ellas nos invitaba a resistir y a imaginar un mundo distinto. Planteaba una revolución de valores. Prendió fuego a la sociedad opresora y las agobiantes leyes y estructuras religiosas de su tiempo, y ese fuego le abrasó también a él. Pero ese ascua de Jesús no se apagó, sigue encendida en sus seguidores. Él no sería hoy un ciudadano domesticado y sumiso. Arriesgaría a favor de otra realidad, provocaría conflictos en la sociedad y en la Iglesia. Le volverían a tachar de peligroso y hereje. Pero quedaría claro que ese fuego suyo no querría deshacer ni consumir a ningún ser humano. El Dios de Jesús es una buena noticia para todos los humanos. La gente y el mundo de hoy, ¿sufren demasiadas heridas? Ahora, como antes, existe mucho sufrimiento. Jesús era un sanador, un curador. No hacía milagros, en el sentido de que no rompía el curso natural de las leyes físicas. Pero Jesús curaba, consolaba, aliviaba, sanaba los males físicos y psicológicos. Él curaba contando historias y tocando a las personas, acercándose a ellas, acogiéndolas, devolviéndoles la confianza en sí mismas, transmitiendo paz. Ser cristiano no consiste en creer en dogmas, ni en cumplir mandamientos. Ser cristiano es seguir a Jesús, cargar como el buen samaritano con el dolor ajeno. Curar al enfermo y amar a Dios no son cosas distintas. ¿Por qué ha hablado tanto la iglesia de pecado, o de culpa, y de perdón? Muchas religiones, también la católica, han gestionado abundantemente esa idea de pecado y culpa. Pero a Jesús eso no le importaba, no se movió en ese registro culpa-perdón. El traía una buena noticia, y llamaba a seguirle en su grupo a prostitutas y recaudadores de impuestos que estaban muy mal considerados por la gente. A él no le importaba el pecado, sino la herida. Y no hablaba de castigo, sino de medicina curativa, porque "no necesitan de médico los sanos, sino los enfermos" Lo que necesita un enfermo no es un juez, sino un médico. Y, no se puede hacer mejor a nadie haciéndole pagar un alto precio por sus culpas. La cárcel puede impedir que alguien cometa un crimen, pero no hace, no puede hacer, a nadie bueno. ¿Ha crecido el miedo entre nosotros? En el mundo, en la sociedad y en la Iglesia, tenemos demasiados miedos. El miedo, en una justa medida, no es malo de por sí. Nos salva de peligros y nos ayuda a conservar la vida. Pero, a menudo, el propio miedo es el mayor peligro. Levanta ante nosotros negros fantasmas. Construimos sistemas de seguridad, grandes murallas, nos aislamos, pero perdemos libertad y vivimos en un mundo más inseguro que nunca. También en la iglesia ha crecido un miedo que la aísla. Pero Jesús decía, repetidas veces: "No tengáis miedo, yo estoy con vosotros, yo he vencido al mundo". El Espíritu de Dios está construyendo un mundo nuevo. No hay que tener miedo al mundo actual, ni a la cultura moderna, ni a la postmodernidad, ni a la ciencia, ni a las redes de comunicación planetaria. Hay que salir a su encuentro. ¿Pueden dialogar la laicidad y las religiones entre sí? Hace mucho que llegó ya el tiempo de superar todo confesionalismo, y trascender toda frontera y todo celo del bien ajeno. Porque es triste que nos duela el bien ajeno. Es un auténtico mal de nuestros ojos el que no seamos capaces de ver, de agradecer y de alegrarnos de las buenas cosas que les pasan a otras personas o colectivos humanos. Esa desgraciada frontera entre nosotros y ellos, frontera que aparece en todos los grupos, singularmente en los partidos políticos y en las confesiones religiosas. Pero el celo colectivo se vuelve aún más mezquino y peligroso cuando se pretende justificarlo, con exclusivismos, en nombre de Dios. Donde está la bondad, con nombre y también sin nombre, allí está Dios. ¿Hay que inventar un nuevo lenguaje religioso, que sea inteligible hoy? Esa es una gran necesidad y desafío. Es imposible anunciar la Buena Noticia con un lenguaje trasnochado, que correspondió a una sociedad rural, y que no se ha actualizado tras la modernidad, la postmodernidad y la era actual de las comunicaciones. Jesús no se apegó a expresiones trasnochadas. Varias veces se lee en el Evangelio esta manera suya de hablar: "Habéis oído que se dijo a los antiguos tal o cual cosa, pero yo os digo algo nuevo". Nosotros estamos inmersos en un grandísimo cambio cultural. Como alguien ha escrito: "No vivimos en una época de cambio, sino en un cambio de época". Manuel Guerra Campos, médico y hermano de aquel obispo de Cuenca en tiempos del franquismo, escribió: "La iglesia está enferma. Se quedó dormida en la historia. Lleva 500 años pataleando para que nada cambie. Aconsejo a los obispos que tomen el Catecismo de la Iglesia católica, le den un respetuoso beso, lo encierren en el sagrario de una capilla abandonada, tiren la llave y, a continuación, hagan ejercicios espirituales en un monasterio y traten de formular la buena noticia en palabras y contextos adecuados a nuestra cultura". ¿Qué queda del Concilio Vaticano II? Aquel fue un esfuerzo sincero de puesta al día. Pero el postconcilio coincidió con el vaciamiento de las iglesias y el fracaso en la transmisión de la fe, porque había llegado un cambio de época. Entonces Juan Pablo II, el cardenal Ratzinger y un sector de la iglesia próximo a ellos hicieron el diagnóstico de que todos los males del postconcilio se debieron al propio concilio que, según ellos, disolvió fronteras, puso en tela de juicio dogmas, y relativizó la identidad católica. Ese diagnóstico curiosamente coincidió con el alza del neoliberalismo más conservador en los Estados Unidos. Tras ello, pusieron en marcha un proyecto, muy estudiado, de retorno a las verdades de siempre y las estructuras sempiternas. Es un proyecto muy estudiado, coordinado, y sociológicamente sólido. En eso están y su cálculo es que eso va a tener futuro. Pero somos muchos los cristianos que creemos que no puede tenerlo. Además de convertirse en algo irrelevante, la iglesia institucional va camino de convertirse en un gueto o una secta. Y, desde luego, en las condiciones actuales en que está la Iglesia, un nuevo concilio resultaría un desastre. ¿Qué futuro tiene el cristianismo? Karl Rhaner, uno de los grandes teólogos de nuestro tiempo dijo que el cristiano del futuro o será un místico, o no será. En medio de una gran masa de indiferentes y agnósticos hay una sed creciente de espiritualidad. Los cristianos debemos estar atentos a lo que está emergiendo fuera de nuestras fronteras. ¿Qué aportar en este invierno social y eclesial? El invierno recrudece a ojos vista en la Iglesia y en el planeta. Se comprende que cunda el desaliento, porque las amenazas aumentan y las fuerzas disminuyen. Pero no es tiempo para consumir energías en lamentos ni en querellas intraeclesiales. Es tiempo de volver a lo nuclear del Evangelio, de vivirlo y anunciarlo: la bienaventuranza de la bondad, la osadía para decir no, la eliminación de fronteras religiosas, la reinvención del lenguaje. Es la hora de la fe en la pequeña semilla y en la levadura invisible. Es el momento de hermanar desánimos y perseverar, "dejando el pesimismo para tiempos mejores". Es el momento de verificar que "donde aumenta la amenaza crece la salvación". Como dijo el profeta Casaldáliga, "somos perdedores de una causa invencible". |
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![]() | Ni clérigo ni laico, por Joxe Arregui |
![]() | Publicado el 03-10-2010 por MORERA, Juan Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 344 ↓ |
Ni clérigo ni laicopor Joxe Arregi, * Teólogo - Domingo, 3 de Octubre de 2010 - - IBA a titular este artículo "Soy laico". Ahora que, por motivo de doctrinas e interpretaciones que nunca debieron habernos traído hasta aquí, he iniciado el doble proceso de exclaustración (abandono de la "Vida religiosa") y de secularización (abandono del sacerdocio), quería brindar por mi nuevo estado y decir: "Me honro de ser laico por la gracia de Dios. Me alegro de ser uno de vosotros, la inmensa mayoría eclesial". Pero debo corregirme en seguida. ¿Laico? No, realmente no soy laico ni quiero serlo, pues este término sólo tiene sentido en contraposición a clérigo y siempre lleva las de perder. No soy laico ni quiero serlo, porque ese nombre lo inventaron los clérigos -que nadie se extrañe: siempre han sido los poderosos quienes han impuesto su lenguaje-. No quiero ser laico, que es como decir cristiano raso y de segunda, cristiano subordinado. El Derecho Canónico vigente da una extraña definición del término: "laico" es aquel que no es ni clérigo ordenado ni religioso con votos. No designa algo que es, sino algo que no es. Laico es el que, por definición canónica, carece en la Iglesia de identidad y de función, por haber sido despojado. Laico es el que no ha emitido los tres votos canónicos de pobreza, obediencia y castidad, aunque es casi seguro que habrá de cumplir esos votos, y otros varios, tanto o más que los religiosos instalados en su "estado de perfección". Laico es el que no puede presidir la fracción del pan, la cena de Jesús, la memoria de la vida. Laico es el que no puede decir en nombre de Jesús de manera efectiva: "Hermano, hermana, no te aflijas, porque estás perdonado, y siempre lo estarás. Nadie te condena, no condenes a nadie. Vete en paz, vive en paz". Laico es el que no puede decir a una pareja enamorada: "Yo bendigo vuestro amor. Vuestro amor, mientras dure, es sacramento de Dios". Laico es el que no tiene en la Iglesia ningún poder porque se lo han sustraído. Aquellos que se apoderaron de todos los poderes se llamaron clérigos, es decir, "los escogidos". Habían sido escogidos por la comunidad, pero luego se escogieron a sí mismos y dijeron: "Somos los escogidos de Dios". No soy laico ni quiero serlo, porque no creo en una Iglesia tripartita de religiosos, clérigos y laicos, de cristianos con rango y cristianos de a pie, de clase dirigente y masa dirigida. Jesús no dispuso clases, sino que las anuló todas. Y nadie que conozca algo del Jesús histórico nos podrá decir que a los "Doce" -que luego fueron llamados apóstoles- los puso Jesús como dirigentes, menos aún como clase dirigente con derecho a sucesión. A lo sumo, y como judío que era, los designó como imagen del Israel soñado de las doce tribus, del pueblo reunido de todos los exilios, del pueblo fraterno, liberado de todos los señores. (Y, por lo demás, ¿qué hay de los "setenta y dos" que Jesús también escogió y envió a anunciar que otro mundo es posible? ¿Cómo es que ellos no tuvieron sucesores? A alguien debió de interesar que no los tuvieran, tal vez para que el poder no quedara repartido). Jesús no era sacerdote, pero no por ello se consideró laico y a nadie nos llamó con ese nombre. Es un nombre falaz. Hace veinte años que así lo veo y lo digo. ¿Por qué, entonces, no he abandonado hasta ahora los votos y el sacerdocio? Simplemente, porque era lo bastante feliz con lo que vivía y hacía, y pensaba que no cambia nada importante por unos votos de más o unos cánones de menos. Y ahora que, por las circunstancias, dejo los votos y el sacerdocio, sigo pensando lo mismo: que "laico" es una denominación clerical y que, en la Iglesia de Jesús, es preciso dejar de hablar de clérigos y laicos, es decir, superar de raíz el clericalismo. Hablar de clérigos y laicos en la Iglesia es un fraude al Nuevo Testamento, pues esos términos no se utilizan una sola vez ni en los evangelios, ni en las cartas de Pablo, ni en ningún otro escrito del Nuevo Testamento. Sí se utiliza el término griego "laos" (pueblo), del que se deriva "laico", pero "laos" designa a toda la Iglesia, no a una supuesta "base eclesial" informe e inculta. A toda la Iglesia nos llama el Nuevo Testamento "pueblo de Dios" (1 Pe 2,9-10), y a todos los creyentes nos llama "templo de Dios" (1 Pe 2,5; 1 Cor 3,16), "sacerdotes santos" (1 Pe 2,5), "escogidos" y, sobre todo, "hermanos". Todo somos pueblo, templo, sacerdotes, elegidos, hermanos; lo somos sin otra distinción que la biografía misteriosa de cada uno con sus dones y sus llagas. Hablar de clérigos y laicos es también un fraude a los primeros siglos de la Iglesia, pues esos términos no figuran en la literatura cristiana hasta el siglo III. Durante los dos primeros siglos no hubo "laicos" en la Iglesia, porque aún no existía "clero". Luego, la Iglesia se fue sacerdotalizando, clericalizando, y así surgió el laicado, que no es sino el despojo de lo que el clero se llevó. Nunca habría habido laicos en la Iglesia de no haber habido clérigos primero. Más cerca aun de nosotros, hablar de clérigos y laicos es un fraude al sueño insinuado por el Concilio Vaticano II que, en la Constitución Lumen Gentium, invirtió el orden tradicional y trató primero sobre la Iglesia como pueblo de Dios y luego sobre los ministerios jerárquicos. Primero, el pueblo; luego, las funciones que el pueblo considere oportunas. Los obispos, presbíteros y diáconos nunca debieron constituirse en "jerarquía" (poder sagrado); no son sino funciones que derivan de la comunidad y han de ser reguladas por ella. Sólo representan a Dios si representan a la Iglesia y no a la inversa. Hablar de clérigos y laicos es, en definitiva, un fraude a Jesús, pues él rompió con la lógica y los mecanismos de quienes se habían atrincherado en la Ley y el Templo y se habían erigido a sí mismos como dueños absolutos de la verdad y del bien. Jesús les dijo: "Dios no quiere eso. Dios quiere que curemos las heridas y seamos hermanos". Y por eso le condenaron. Doce siglos después, vino Francisco, que nunca se reveló de palabra contra el orden clerical ni quiso criticarlo, pero que por alguna otra poderosa razón, además de la humildad, rehusó a ser clérigo y, con la dulzura y la firmeza que le caracterizaban, impidió mientras pudo que se reprodujera en su fraternidad la división entre clérigos y laicos. Y, cuando ya no pudo impedirlo, su cuerpo y su alma se llagaron y murió a los 45 años. Una vez que él con algunos hermanos moraba de paso en un pobrecillo eremitorio, llegó en visita una importante dama y pidió que le mostraran el oratorio, la sala capitular, el refectorio y el claustro. Francisco y sus hermanos la llevaron a una colina cercana y le mostraron toda la superficie de la tierra que podían divisar y le dijeron: "Este es nuestro claustro, señora". Que era como decir: "No queremos ser ni monjes ni religiosos ni seglares, ni clérigos ni laicos. Es otra cosa, Señora. Queremos vivir como Jesús".
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![]() | MENSAJE DEL XXX CONGRESO DE TEOLOGÍA “JESÚS DE NAZARET” |
![]() | Publicado el 13-09-2010 por MORERA, Juan Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 415 ↓ |
MENSAJE DEL XXX CONGRESO DE TEOLOGÍA “JESÚS DE NAZARET”
Celebrado en Madrid del 9 al 12 de septiembre de 2010 MADRID. ECLESALIA, 13/09/10.- Al finalizar las sesiones del XXX Congreso de Teología sobre Jesús de Nazaret, celebrado los días 9 al 12 de septiembre de 2010, que ha contado con una asistencia creciente con respeto a los últimos años, queremos hacer público un resumen de las reflexiones que han dado sentido a este congreso: 1. Siguiendo el Concilio de Calcedonia (año 451), aceptado por las diferentes Iglesias cristianas, reafirmamos en la doctrina de que Jesucristo “es perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre”, por lo cual sus dos naturalezas, la divina y la humana, están unidas “sin confusión”. Se funden el Jesús histórico y el Cristo de la fe. 2. Desde planteamientos testimoniales, procedentes de cristianos de diferentes confesiones, comprometidos tanto en su dimensión espiritual como social, se reivindica, y reivindicamos, la figura de Jesús en la experiencia cristiana, como el objeto central de la fe y redentor de la humanidad. Hemos enfatizado la plena vigencia y actualidad de la figura de Jesús. 3. A la pregunta de Jesús a sus discípulos: “Y vosotros ¿quién decís que soy?”, creyentes católicos, ortodoxos y protestantes, en una manifestación de ecumenismo activo, han expresado la dimensión de la fe en un Jesús liberador, compañero de viaje, con plena actualidad para un mundo que sufre la violencia, la discriminación, la intolerancia, los fanatismos, los abusos hacia las clases más desfavorecidas, el hambre… Un Jesús con frecuencia invisible pero que sigue estando próximo a quienes le invocan; un Jesús que dejó una herencia incorruptible: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”. 4. Las mujeres han ocupado un papel relevante, tanto por su presencia, como por las intervenciones femeninas en diversas sesiones del Congreso. Jesús mantuvo una relación de amistad con las mujeres, una relación en la que queda patente la complicidad y la sintonía que había entre ellos; capacidad de diálogo y de convivir en el silencio. La casa de Betania, con Marta y María, se convierte en un lugar de intimidad y de paz. Jesús de Nazaret abre una puerta de esperanza y produce seguridad, respeto y dignidad a las mujeres en medio de una sociedad que con excesiva frecuencia la rechaza, y en la que los órganos de decisión y poder procuran someterla y convertirla en instrumento de placer o servicio, reduciéndola a un plano de subordinación con respecto al varón; todo lo contrario a la práctica de la lapidación o a la negativa a la ordenación de mujeres, considerada arteramente por la jerarquía como un grave delito, al mismo nivel que la pederastia. 5. Los jóvenes han tenido una presencia activa, igualmente desde la dimensión ecuménica, en distintos momentos del Congreso, sobre todo en la parte festiva y en las mesas redondas. Son jóvenes que viven la fe en sus lugares de estudio o de trabajo, colaborando solidariamente en proyectos de testimonio y servicio, tanto en el terreno educativo como el social. Ellos también han dado respuesta a la pregunta ¿quién es Jesús para mí? Y ante las dificultades de diálogo entre generaciones, lanzan un reto: es más importante hablar con los jóvenes que hablar de los jóvenes. Es una juventud comprometida con la fe más allá de tomar la religión como un simple club social. 6. No ha faltado la perspectiva de Jesús desde otras latitudes, como ya es tradicional en estos congresos: África, un continente en guerra permanente, sometido a la explotación al servicio de multinacionales, y Latinoamérica, que lucha denodadamente por liberarse de leyes despiadadas del mercado al servicio de los poderosos. Jesús sigue presentándose como: camino de liberación para las clases más oprimidas, anunciando el Reino de Dios que, aún siendo una pequeña semilla, se afirma contra los imperialismos de toda índole; reafirmación de la intervención de Dios en la historia para producir una honda transformación; programa para construir una sociedad alternativa y contribuir a la solución de los desequilibrios sociales que existen entre el primer y el tercer mundo. 7. La actitud dialogante, acogedora, pacífica y respetuosa de Jesús ante los disidentes, adversarios e incluso enemigos, constituye la alternativa y el mejor antídoto frente a los fundamentalismos que resurgen con violencia y están instalados en las cúpulas de las religiones, de la economía y de la política. La voz de Jesús nos convoca a no olvidar el diálogo interreligioso como medio de aproximación y forma de resolver los conflictos ideológicos. 8. Revindicamos la hospitalidad como una de las actitudes fundamentales de Jesús de Nazaret que cuestiona en su radicalidad los comportamientos xenófobos y racistas de un sector importante de la ciudadanía y de algunos gobiernos europeos, que expulsan de su territorio a etnias y pueblos y enteros. 9. Desde el XXX Congreso de Teología se lanza un reto a los creyentes en Jesús: se ha acabado el tiempo de los silencios. Son tiempos de testimonio, de compromiso, de avivar la fe en Jesús de Nazaret, de seguir sus huellas, de hacer nuestras las demandas de servicio y solidaridad con los más deprimidos, de ayudar a implantar el Reino de Dios entre nosotros como reino de justicia, de paz, de libertad, de igualdad y de fraternidad-sororidad. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia). Madrid, 12 de septiembre de 2010. Para más información: http://www.congresodeteologia.info |
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![]() | Para salvar la vida: las mujeres en el poder |
![]() | Publicado el 12-09-2010 por BOFF, Leonardo Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 347 ↓ |
Para salvar la vida: las mujeres en el poder 2010-09-10 Hay una feliz singularidad en la actual disputa presidencial de Brasil: la presencia de dos mujeres, Marina Silva y Dilma Rousseff. Ellas son diferentes, cada cual con su propio estilo, pero ambas con indiscutible densidad ética y con una comprensión de la política como virtud al servicio del bien común y no como técnica de conquista y uso del poder, generalmente, en beneficio de la propia vanidad o de intereses elitistas que todavía predominan en la democracia que heredamos. Ellas surgen en un momento especial de la historia del país, de la humanidad y del planeta Tierra. Si pensamos radicalmente y llegamos a la conclusión –como han llegado notables cosmólogos y biólogos– de que el sujeto principal de las acciones no somos nosotros mismos, en un antropocentrismo superficial, sino la propia Tierra, entendida como superorganismo vivo, cargado de propósito, Gaia y Gran Madre, entonces diríamos que es la propia Tierra la que a través de estas dos mujeres nos está hablando, llamando nuestra atención y advirtiendo. Ellas son la propia Tierra que clama, la Tierra que siente y que busca un nuevo equilibrio. Este nuevo equilibrio deberá pasar predominantemente por las mujeres y no por los hombres. Éstos, después de siglos de arrogancia, están más interesados en garantizar sus negocios que en salvar la vida y proteger el planeta. Los encuentros internacionales nos los muestran poco preparados para lidiar con temas ligados a la vida y a la preservación de la Casa Común. En este momento crucial de graves peligros, se invoca a aquellos sujetos históricos que están, por su propia naturaleza, mejor equipados para asumir misiones y acciones ligadas a la conservación y al cuidado de la vida. Son las mujeres y sus aliados, los hombres que hubieren integrado en sí las virtudes de lo femenino. La evolución las hizo estar profundamente ligadas a los procesos generadores y cuidadores de la vida. Ellas son las pastoras de la vida y los ángeles de la guarda de los valores derivados de la dimensión del anima (de lo femenino en la mujer y en el hombre), que son el cuidado, la reverencia, la capacidad de captar, en sus mínimas señales los mensajes y sentidos; sensibles a los valores espirituales como la entrega, el amor incondicional, la renuncia a favor del otro y la apertura a lo Sagrado. El feminismo mundial trajo una crítica fundamental al patriarcalismo que viene desde el neolítico. El patriarcado originó instituciones que todavía moldean las sociedades mundiales, con la razón instrumental-analítica que separa naturaleza y ser humano y que le llevó a la dominación de los procesos de la naturaleza de forma tan devastadora que hoy se manifiesta por el calentamiento global; creó el Estado y su burocracia, pero organizado según los intereses de los hombres; proyectó un estilo de educación que reproduce y legitima el poder patriarcal; organizó ejércitos e inauguró la guerra. Afectó a otras instancias, como las religiones e iglesias cuyos dioses o actores son casi todos masculinos. El «destino manifiesto» del patriarcado es el dominium mundi (la dominación del mundo), con la pretensión de hacernos «maestros y dueños de la naturaleza» (Descartes). Actualmente, los hombres (varones) se han hecho víctimas del «complejo de dios», al decir de un eminente psicoanalista alemán, K. Richter. Asumieron tareas divinas: dominar la naturaleza y a los otros, organizar toda la vida, conquistar los espacios exteriores y remodelar la humanidad. Todo esto ha sido sencillamente demasiado. Se sienten como un «dios de pacotilla» que sucumbe a su propio peso, especialmente porque ha proyectado una máquina de muerte, capaz de erradicarlo de la faz de la Tierra. Ahora se have urgente la actuación salvadora de la mujer. Damos la razón a esto que escribió have algunos años el Fondo de las Naciones Unidas para la Población: «La raza humana ha venido saqueando de forma insostenible la Tierra y dar a las mujeres mayor poder de decisión sobre su futuro puede salvar el planeta de la destrucción». Obsérvese que no dice «mayor poder de participación a las mujeres», cosa que los hombres conceden pero de forma subordinada. Aquí se afirma: «poder de decisión sobre el futuro». Las mujeres deben asumir esta decisión, incorporando en ella a los hombres, de lo contrario, pondríamos en peligro nuestro futuro. Este es el significado profundo, diría, providencial, de estas dos candidatas mujeres a la presidencia de Brasil: Marina Silva y Dilma Rousseff. Leonardo Boff |
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![]() | Defensa de la insumisión de la Iglesia, por Juan José Tamayo |
![]() | Publicado el 04-09-2010 por MORERA, Juan Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 365 ↓ |
Defensa de la insumisión de la Iglesia por Juan José Tamayo, Director de la Cátedra Ignacio Ellacuría de la Universidad Carlos III de Madrid DIARIO DE NOTICIAS, Sábado, 4 de Septiembre de 2010 LA jerarquía católica suele comportarse de manera inmisericorde con quienes disienten de la línea oficial y lo hacen públicamente. No se atiene a razones ni humanas ni divinas. Menos aún a razones evangélicas, que son las que más le duelen y menos soporta, porque le recuerdan su gran distanciamiento del cristianismo de los orígenes. El Papa y los obispos no aguantan la más mínima crítica, por moderada que sea. Y mucho menos la que les hacemos desde dentro en nombre de Jesús. Una crítica que, por lo demás, no busca derrocarlos, sino sólo hacerles ver que no caminan por la senda del Evangelio. Muchas hemos sido las personas que hemos experimentado en nuestra propia carne el trato inmisericorde de la jerarquía. Ahora lo está sufriendo el teólogo Joxe Arregi, a quien se le impuso silencio en determinadas condiciones. A los tres votos de religioso aceptó sumar un cuarto: el del silencio que cumplió escrupulosamente. ¿Silencio por qué? Por haber revelado actuaciones detectivescas de monseñor Munilla cuando era sacerdote en la diócesis de San Sebastián y por haber expresado su desacuerdo con la orientación pastoral de monseñor Munilla cuando fue nombrado obispo de Gipuzkoa. Desacuerdo no en solitario y de francotirador, sino que se sumaba al de numerosos creyentes de la Iglesia española y al de casi cien sacerdotes diocesanos para quienes Munilla en modo alguno es la persona idónea para desempeñar el cargo (de obispo). Arregi rompió el silencio al derogar el obispo las condiciones que lo justificaban y escribió la carta. Tomo la palabra en clave de denuncia profética. Hace dos días ha vuelto a escribir una nueva carta en la que anuncia que va a "dejar la orden franciscana que ha dado enteramente forma a mi ser". Lo que demuestra este comportamiento de la jerarquía es que en la Iglesia católica imperan la censura, el pensamiento único y el autoritarismo, se impone la obediencia ciega, no se permiten el disenso y la insumisión, ¡y falta piedad! Lo dice en su carta Arregi: "En la Iglesia que tenemos no hay lugar para insumisos. Y yo lo sabía. Tampoco hay lugar para insumisos en la orden franciscana que tenemos". En similares términos se había expresado 18 años antes su hermano franciscano Leonardo Boff en un trance parecido: "El poder doctrinal (en la Iglesia católica) es cruel y sin piedad. No olvida nada, no perdona nada, exige todo. Y para alcanzar su fin, se toma el tiempo necesario y elige los medios oportunos. Actúa directamente o usa instancias intermedias u obliga a los propios hermanos de la orden franciscana a cumplir una función que compete, por Derecho Canónico, sólo a quien tiene autoridad doctrinal". El Papa y los obispos se ensañan de manera especial con cristianos y cristianas de conducta intachable y vida evangélica ejemplar. Durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI se cuentan por cientos los represaliados: teólogos, teólogas, biblistas, moralistas, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, catequistas, líderes de comunidades, formadores de seminarios, directores de revistas religiosas, en la mayoría de los casos personas dedicadas íntegra y desinteresadamente al servicio de la Iglesia. Contra ellos utilizan todos los medios a su alcance: empiezan por someter sus escritos a censura, luego les imponen silencio, les prohíben escribir, les retiran de las cátedras, les destituyen de sus cargos. Y no contentos, al final les exigen, bajo presiones a sus superiores, abandonar la orden o congregación a la que pertenecen. Decisión que se ven obligados a tomar los afectados para preservar su salud física, psíquica, mental y evangélica. "Tengo la impresión de haber llegado ante un muro —decía Boff en 1992 cuando anunció su abandono de la orden franciscana—. No puedo avanzar ni un paso más. Retroceder implicaría sacrificar la propia dignidad y la libertad de la persona". Y Arregi: "Tomé la palabra (...) porque ya pasaron los tiempos en que la libertad de palabra pudiera ser impedida en la Iglesia de Jesús con pretextos de dogmas y magisterios". Esos procedimientos se utilizan tanto contra hombres como contra mujeres, siendo el caso de éstas más doloroso por el clima de ocultamiento con que se llevan a cabo y, a veces, con el silencio de los medios de comunicación que no conceden especial relevancia a la marginación que sufren en la Iglesia católica en general y en las congregaciones religiosas en particular. En la mayoría de los casos el abandono de la vida religiosa no significa cambiar de estilo de vida. Todo lo contrario, se comprometen a seguir viviendo la opción por los pobres con más radicalidad evangélica. Fue el caso de Boff: "Yo he cambiado. No de batalla, sino de trinchera. Dejo el ministerio presbiteral, pero no la Iglesia. Me alejo de la orden franciscana, pero no del sueño tierno y fraterno de San Francisco de Asís". Lo es ahora el de Arregi: "Quiero seguir siendo discípulo de Jesús, el hombre bueno y libre (...). Quiero seguir siendo franciscano, un simple franciscano sin hábito". Si se valoran los éxitos y las derrotas desde el poder, en la Iglesia siempre gana la jerarquía. Pero no nos llevemos a engaño. El triunfo es aparente. En el caso de Arregi, han ganado el Evangelio, la libertad, la esperanza y la insumisión. Con comportamientos tan represivos, la jerarquía se va quedando cada vez más sola, más aislada, más cerrada y pierde credibilidad, mientras que el teólogo vasco va a contar con la compañía de los movimientos cristianos de base, la solidaridad de los colegas y el reconocimiento de los hombres y mujeres que luchan por la libertad de conciencia y por una sociedad libre de dominación. |
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![]() | ¿Por qué continúa existiendo la Iglesia-poder? por Leonardo Boff, teólogo |
![]() | Publicado el 27-08-2010 por MORERA, Juan Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 351 ↓ |
¿Por qué continúa existiendo
la Iglesia-poder? Voy a abordar un tema incómodo, pero ineludible: ¿cómo puede la institución-Iglesia, tal como la he descrito en un artículo previo, con características autoritarias, absolutistas y excluyentes, perpetuarse en la historia? La ideología dominante responde: «sólo porque es divina». Pero en realidad, este ejercicio de poder no tiene nada de divino. Es exactamente lo que Jesús no quería. Él quería la hierodulia (servicio sagrado) y no la hierarquia (poder sagrado). Pero ésta última se impuso a través de los tiempos. Las instituciones autoritarias suelen tener una misma lógica de auto-reproducción. Con la Iglesia-institución no es diferente. En primer lugar, ella se juzga la única verdadera y retira el título de «iglesia» a todas las demás. Luego crea un marco riguroso: un pensamiento único, una única dogmática, un único catecismo, un único derecho canónico, una única forma de liturgia. No se tolera la crítica ni la creatividad, consideradas negativas o denunciadas como creadoras de una Iglesia paralela o de otro magisterio. En segundo lugar, se usa la violencia simbólica del control, de la represión y del castigo, frecuentemente a costa de los derechos humanos. Fácilmente el cuestionado es marginado, se le niega el derecho a predicar, escribir y actuar en la comunidad. El entonces cardenal. Joseph Ratzinger, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, durante su mandato castigó a más de cien teólogos. Con esta misma lógica, los pecados y crímenes de los sacerdotes pedófilos u otros delitos, como los financieros, se mantienen ocultos para no perjudicar el buen nombre de la Iglesia, sin el menor sentido de justicia hacia las víctimas inocentes. En tercer lugar, se mitifican y casi se idolatran las autoridades eclesiásticas, principalmente el Papa, que es el «dulce Cristo en la Tierra». Pienso para mí mismo: ¿qué dulce Cristo sería el Papa Sergio (904), asesino de sus dos predecesores, o el Papa Juan XII (955), elegido a la edad de 20 años, adúltero y muerto por el marido traicionado, o peor, el Papa Benedicto IX (1033), elegido con 15 años de edad, uno de los más criminales e indignos de la historia del papado, que llegó a vender la dignidad papal por 1000 liras de plata? En cuarto lugar, se canonizan figuras cuyas virtudes se encuadran en el sistema, como la obediencia ciega, la continua exaltación de las autoridades y el «sentir con la Iglesia (jerarquía)», muy al estilo fascista según el cual «el jefe (Duce, o Führer) siempre tiene razón». En quinto lugar, hay personas y cristianos de naturaleza autoritaria que aprecian por encima de todo el orden, la ley y el principio de autoridad en detrimento de la lógica compleja de la vida que tiene sorpresas y exige tolerancia y adaptaciones. Ellos secundan este tipo de Iglesia, así como los regímenes políticos autoritarios y dictatoriales. Es más, hay una estrecha afinidad entre los regímenes dictatoriales y la Iglesia-poder, tal como se ha podido ver con los dictadores Franco, Salazar, Mussolini, Pinochet y otros. Los sacerdotes conservadores fácilmente son hechos obispos, y los obispos fidelísimos a Roma son promovidos, fomentando el servilismo. Este bloque histórico-social-religioso cristalizó, garantizando la continuidad de este tipo de Iglesia. En sexto lugar, la Iglesia-poder conoce el valor de los ritos y símbolos, pues refuerzan la identidad conservadora, pero cuida menos sus contenidos, con tal de que se mantengan inalterables y sean estrictamente observados. En razón de esta rigidez dogmática y canónica, la Iglesia-institución no es vivida como hogar espiritual. Muchos emigran. Dicen sí al cristianismo y no a la Iglesia-poder con la cual no se identifican. Se dan cuenta de las distorsiones hechas a la herencia de Jesús que predicó la libertad y exaltó el amor incondicional. No obstante estas patologías, tenemos figuras como el Papa Juan XXIII, dom Helder Câmara, don Pedro Casaldáliga, don Luiz Flávio Cappio y otros, que no reproducen el estilo autoritario, ni se presentan como autoridades eclesiásticas sino como pastores en medio del Pueblo de Dios. Pero a pesar de estas contradicciones, hay un mérito que es importante reconocer: este tipo autoritario de Iglesia nunca ha dejado de trasmitir los evangelios, aunque sea negándolos en la práctica, permitiéndonos así el acceso al mensaje revolucionario del Nazareno. Ella predica la liberación, aunque generalmente son otros los que liberan. Leonardo Boff, teólogo |
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![]() | La autoridad de Jesús, por José Arregui |
![]() | Publicado el 19-08-2010 por MORERA, Juan Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 546 ↓ |
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![]() | LOS CRISTIANOS, EL SOCIALISMO Y EL COCO, por Díez-Alegría |
![]() | Publicado el 19-08-2010 por MORERA, Juan Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 384 ↓ |
LOS CRISTIANOS, EL SOCIALISMO Y EL COCO
Hace muy pocos meses, la iglesia evangélica de Schleswig-Holstein ha suspendido de su oficio de pastor a la señora Edda Groth, quien en una predicación había afirmado que «Mao está más cerca de Dios que todos los papas y los obispos de los últimos mil años puestos juntos».
Me da la impresión de que la señora pastor Groth debe de ser, en el mejor sentido de la palabra, muy castiza. Dice de la manera más paradójica, verdades saludables.
También me parece que los responsables de la iglesia evangélica de Schleswig-Holstein (que es el Land o región federal más septentrional de la República Federal Alemana) deben de ser gente muy «seria», y para los que el socialismo de verdad resultará algo así como el coco.
Lo digo, porque no obstante los innegables y felices progresos del ecumenismo, parece que a los representantes de una iglesia evangélica una puyita contra los papas de los últimos mil años no debía resultarles demasiado inquietante. Lo inquietante debe de ser más bien que se alabe mucho a Mao.
Y, sin embargo, aparte de que la afirmación de Edda Groth quiere ser, probablemente, paradójica, en realidad, si nos atenemos a lo que Jesús dice, tendría visos de no ser demasiado inexacta.
Porque nada menos que el Evangelio de Mateo, que es menos contestatario que el de Marcos y menos «progre» que el de Lucas, nos ha conservado una parábola del juicio final, que podría ser eco muy directo de las palabras mismas de Jesús.
Describe el juicio que hará el Hijo del hombre, Jesús, cuando venga con esplendor a decir su palabra definitiva sobre los hombres de todos los pueblos. Los separará en dos grupos. A los de un grupo, les dirá:
Venid, benditos de mi padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme.
Estos, a los que la parábola llama «los justos», le replicarán:
Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te dimos de comer o con sed y te dimos de beber?, ¿cuándo llegaste como extranjero y te recogimos y desnudo y te vestimos?, ¿cuándo estuviste enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?».
Y Jesús les contestará:
Os lo aseguro: Cada vez que lo hicisteis con un hermano mío de esos más humildes, lo hicisteis conmigo» (Mateo 25. 31-40).
A la luz de estas palabras de Jesús, yo me quedo pensando: en los últimos mil años ¿quién ha dado más comida al hambriento, vestido al desnudo, cuidado médico al enfermo, los papas y los obispos o Mao?
Y estoy seguro de que Jesús no se habría enfadado tanto con Edda Groth como los responsables de la iglesia evangélica de Schleswig-Holstein. Estos le echan en cara a la señora pastor haber traspasado «aquellos límites que un pastor debe respetar para estar al servicio de todos los miembros de la iglesia».
Esto quiere decir que la señora pastor ha traspasado los límites que los miembros burgueses conservadores de la iglesia no quieren que sean traspasados. Unos límites que Jesús traspasó claramente, y por ello fue llevado al patíbulo.
Porque si pensamos en los límites que un pastor (o un cura o un obispo) deben respetar para estar al servicio de los miembros pobres, oprimidos, campesinos, subproletarios o proletarios de la iglesia, esos límites los pastores, curas y obispos los han traspasado amplia y frecuentemente en los últimos mil años. Creo yo.
* * *
¿Cómo es posible que el socialismo haya espantado a los cristianos, incluso a los «ministros» de la iglesia, como el coco? Porque se trata realmente de un miedo cerval, como el de los niños ante el coco y el cuarto oscuro.
Jesús había dicho:
«Nadie puede estar al servicio de dos amos, porque aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero». (Mateo, 6, 24 y Lucas, 16, 13).
El capitalismo ha representado como nadie el servicio del dinero, el apego al dinero, la voluntad de dinero. El socialismo ha surgido en la historia como el antagonista del capitalismo, que quiere romper la esclavitud del dinero. ¿Cómo los cristianos se han asustado del socialismo y no han tenido miedo del capitalismo?
Aquí hay algo que ha funcionado muy mal.
Los cristianos antisocialistas han dicho que ellos son antisocialistas porque el socialismo es ateo y materialista.
Hace cien años y cincuenta años, decían que eran antisocialistas, porque el socialismo pretende suprimir la propiedad privada. Eran más sinceros.
En realidad, esos cristianos estaban desde siempre sirviendo a Dios y al dinero.
El Dios de Jesús (que es el mismo Dios de Moisés, al que Jesús conoce mejor), no puede ser servido a la vez que el dinero.
Esos cristianos, tal vez sin darse cuenta de todo, habían sustituido al Dios de Jesús por otro Dios hecho por ellos a su medida. Un Dios que, primero, podía ser servido a la vez que el dinero. Y, luego, acababa por ponerse él mismo al servicio del dinero, porque era un Dios defensor de la propiedad... con todas sus consecuencias.
Los socialistas ateos niegan ese Dios, creado por el hombre servidor del dinero, a su medida. El Dios de Jesús lo desconocen. No creen que pueda existir. Y se comprende. Porque los mismos cristianos les presentan un Dios manipulado, que no es el de Jesús. Porque el de Jesús es el Dios que no puede ser servido a la vez que el dinero. Mientras que el de ellos es el Dios que defiende el dinero de los ricos, y acepta con complacencia o con sumisión las estructuras del servicio del dinero.
Con nuestras prevaricaciones los cristianos nos hemos metido en un lío tremendo.
Estoy convencido de que muchos socialistas ateos están mucho más cerca del Dios de Jesús que muchos cristianos.
Increíble, pero no tanto. Porque el Dios de Jesús es así. Y los primeros cristianos, que habían tenido menos tiempo de manipularlo, fueron acusados de ateísmo.
Un cristiano de Jesús no tiene por qué asustarse, como del coco, ni siquiera del socialismo ateo. En cambio, un cristiano que, contra Jesús, ha inventado el modo de servir a Dios y al dinero, se asusta del socialismo ateo, como del coco. Y también del socialismo no ateo, si es de verdad socialismo y no le hace el juego al capitalismo.
El zapato les aprieta por el socialismo, no por el ateísmo. Aunque digan otra cosa. Y aunque se la crean. Porque si nuestro Dios es el de Jesús, con respecto a ese Dios, más ateo que el capitalismo, no hay nada. íez-Alegría
“Teología en serio y en broma” |
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![]() | IGLESIA, UNA LECTURA TEOLOGICA |
![]() | Publicado el 08-08-2010 por BOFF, Leonardo Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 357 ↓ |
Iglesia: una lectura teológica 2010-08-06 En los artículos anteriores reflexionábamos sobre una cuestión particular, la del poder en la Iglesia, centralizado en el clero y en el papa, de cariz absolutista. A algunos les chocó, pero la verdad es justamente ésa. Ahora cabe una reflexión general, de cuño teológico, es decir, considerar las realidades divinas subyacentes a la Iglesia, entendida como comunidad que se forma a partir de la fe en Jesús como Hijo de Dios y Salvador universal. Como es sabido, la intención primera de Jesús no fue la Iglesia, sino el Reino de Dios, aquella utopía radical de liberación total. Tanto es así que los evangelistas Lucas, Marcos y Juan ni siquiera conocen la palabra Iglesia. Es solamente Mateo el que habla tres veces de Iglesia. Al no realizarse el Reino, por a la ejecución judicial de Jesús, la Iglesia tomó su lugar. El Nuevo Testamento nos transmite tres formas diferentes de organizar la Iglesia: la sinagogal de san Mateo, la carismática de san Pablo y la jerárquica de los discípulos de Pablo, Timoteo y Tito. Ésta fue la que prevaleció. En primer lugar, la Iglesia se define como comunidad de fieles. Como comunidad, se siente anclada en el Dios cristiano, que es también comunidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esto significa que la comunidad es anterior a las instancias de poder cuyo lugar está en medio de ella, como servicio de animación y de cohesión. El amor y la comunión, esencia de la Trinidad, son también la esencia teológica de la Iglesia. Esta comunidad se sustenta sobre dos columnas: Jesucristo y el Espíritu Santo. Jesús aparece bajo dos figuras: la del hombre de Nazaret, pobre, profeta ambulante que predicó el Reino de Dios (en oposición al Reino de César) y que acabó en la cruz; la otra es la figura del resucitado que alcanzó dimensión cósmica estando presente en la materia, en la evolución y en la comunidad, como anticipación del hombre nuevo y del fin bueno del universo. La segunda columna es el Espíritu Santo. Él estaba presente en el acto de la creación del cosmos, siempre acompaña a la humanidad y a cada persona, y llega antes que el misionero. Él suscita la espiritualidad: la vivencia del amor, del perdón, de la solidaridad, de la compasión y de la apertura a Dios. En la Iglesia Él mantiene vivo el legado de Jesús y es el responsible de su continua actualización con carismas, pensamientos creativos, ritos y lenguajes innovadores. Bien dijo San Ireneo (+200): Cristo y el Espíritu son las dos manos del Padre, con las cuales nos alcanza y nos salva. Cristo, por ser la encarnación del Hijo, representa el lado más permanente de la Iglesia, su carácter institucional. El Espíritu, el lado más creativo, su carácter dinámico. La Iglesia viva es simultáneamente algo estructurado pero también algo cambiante como las innovaciones que escapan al control de la institución. Se dice también que la Iglesia concreta, como comunidad y como movimiento de Jesús, posee dos dimensiones: la petrina y la paulina. La petrina (de san Pedro = Papa) es el principio de la Tradición y de la continuidad. La dimensión paulina (de san Pablo) representa el momento de ruptura, la creatividad. Pablo dejó el suelo judío y partió hacia la inculturación en el mundo helénico. Pedro es la organización, Pablo la creación. Pedro y Paulo se encuentran unidos en la figura del Papa, heredero y guardián de las dos vertientes, simbolizadas por los túmulos de los dos apóstoles en Roma. Ambas se pertenecen mutuamente. Pero en los últimos siglos ha predominado la dimensión petrina, casi ahogando la paulina. Tal desequilibrio ha dado origen a una organización eclesiástica centralista, con el poder en pocas manos, conservadora y resistente a lo nuevo, tanto si proviene de la Iglesia misma, como de la sociedad. El papa actual es casi exclusivamente petrino, contrario a toda modernidad. Hoy se impone recuperar el equilibrio eclesiológico perdido. La Iglesia debe mantener la herencia intacta de Jesús (Pedro) y al mismo tiempo renovar las formas de su realización en el mundo (Pablo). Sólo así podrá superar su conservadurismo y mostrar su creatividad en la comunicación con los contemporáneos. Ella no puede ser fuente de aguas muertas, sino de aguas vivas. Leonardo Boff |
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![]() | Jesús. Interpelante o fantasmagórico, por ORIOL DOMINGO |
![]() | Publicado el 01-08-2010 por MORERA, Juan Puntuación: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() Vota: ![]() ![]() ![]() ![]() ![]() 341 ↓ |
Jesús. Interpelante o fantasmagórico Oriol Domingo | 31/07/2010 - LA VANGUARDIA //window.onload = function(){ // ognInitMenu(); //} 1. ¿HAY PRUEBAS SOBRE JESÚS? Es un interrogante debatido por internautas. El cristianismo existe. Es un hecho. ¿Puede existir el cristianismo sin Cristo? Los Evangelios de Jesús existen. Es un hecho. ¿Puede existir el Evangelio sin Jesús? Un ejemplo comparativo. El Quijote existe. ¿Puede existir el Quijote sin un Cervantes? ¿O es fruto del azar, de la casualidad?2. CRISTIANISMO Y EVANGELIO NO SON COSA DEL PASADO. Existen hoy. Son vigentes. Interpelan. Hay seres humanos del siglo XXI que son y se sienten interpelados por Jesús, por su Evangelio, por el fenómeno cristiano. Son hombres y mujeres de todas condiciones. Sabios, sin estudios, humildes, comprometidos, esperanzados, sufrientes. Así es pese los velos que puedan cubrir el Evangelio cristiano. 3. EL FENÓMENO CRISTIANO Y EVANGÉLICO dejaron ayer y dejan hoy huellas. Las dejan en el corazón humano y en la realidad social. El jesuita Xavier Melloni escribe en "El Crist interior" (Herder Editorial): "Los cristianos hemos sido seducidos por Jesús de Nazaret y recurrimos a los Evangelios, unas palabras escritas que tienen su culminación en la transformación de quien las lee. El Cristo naciente se aloja en el interior de cada uno. Hay semillas de divinidad en todas partes". 4. LOS TEXTOS BÍBLICOS, neotestamentarios y evangélicos son los más analizados de la literatura universal de todos los tiempos por los expertos. Por historiadores, lingüistas, semióticos, biblistas, teólogos, especialistas. Son textos sometidos a una radical desmitificación. Así se logra llegar al fondo del mensaje. A lo sustancial. La coherencia interna del mensaje evangélico prevalece sobre aquellas versiones novelescas y cinematográficas que presentan un Jesús fantasmagórico. Su éxito comercial se explica por la generalizada incultura religiosa de la sociedad occidental. Y también por las deficiencias de los propios cristianos y de las estructuras eclesiásticas. 5. EL MENSAJE Y LA FIGURA DE JESÚS sobreviven pese las deficiencias de los creyentes. "He intentado presentar al Jesús de los Evangelios como el Jesús real, como el Jesús histórico en sentido propio y verdadero. Estoy convencido, y confío en que el lector también pueda verlo, de que esta figura resulta más lógica y, desde el punto de vista histórico, también más comprensible que las reconstrucciones que hemos conocido en las últimas décadas. Pienso que precisamente este Jesús, el de los Evangelios, es una figura histórica sensata y convincente". Son palabras de Joseph Ratzinger/Benedicto XVI (así lo firma) en su libro "Jesús de Nazaret". 6. JESÚS. ¿Interpelante? ¿Fantasmagórico? Un fantasma no interpela a la conciencia humana. |
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