Ord 13 B Mc 5, 21-43: Nacidas a una Vida Nueva
Narrador Jesús atraviesa el lago y vuelve a la otra orilla. Una gran muchedumbre lo está esperando en la playa y se junta en torno a él. En eso llega un hombre llamado Jairo, que es profesor de la escuela de teología popular, donde se forman los catequistas y delegados de la Palabra del pueblo. Corre a donde está Jesús y se postra a sus pies, suplicándole:
Jairo Mi hija está agonizando; ven e impón tus manos sobre ella para que
se mejore y siga viviendo.
Narrador Jesús se va con Jairo; les cuesta avanzar, por el gran gentío que los rodea. De pronto se acerca una mujer, que a todas luces se ve que viene enferma:
Teresa Tengo que llegar a donde está Jesús. ¡Déjenme pasar, por favor!
Hombre Estás viendo que no hay paso.
Teresa Estoy enferma y necesito llegar a donde Jesús.
Hombre Si estás enferma, vete a tu casa a descansar. Peor si es contagioso.
Teresa Tengo cáncer.
Hombre Entonces andate al hospital.
Susana En el hospital ya no le pueden hacer nada. La desahuciaron. Ya no tiene dinero para pagar la quimioterapia, que sólo la acabó de arruinar.
Teresa Sólo Jesús me puede curar.
Hombre Entonces tenemos que abrirle lugar para que llegue a donde está Jesús. Agárrense de mí, que voy a abrir camino entre toda la gente.
Susana Gracias. Aquí vamos. Si viera cómo la han hecho sufrir los médicos. Se gastó todo su dinero buscando la curación, pero, en vez de mejorar, cada día se pone peor.
Hombre ¿Y no saben que la quimioterapia es peor que la enfermedad? Es puro veneno. Mejor hubieran probado medicina natural.
Teresa ¡Ay, Dios mío! ¡Me duele mucho!
Susana Ya vamos llegando. Aguantá un poquito más.
Narrador Con gran esfuerzo y la ayuda de ese buen hombre, logran acercarse por detrás de donde va Jesús.
Teresa Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.
Narrador Como puede, se inclina hacia Jesús y apenas alcanza a tocarlo.
Teresa ¡Estoy sana! ¡Ya no me duele! ¡Ya no me duele nada! ¡Puedo caminar!
Narrador Jesús se da cuenta de que un poder ha salido de él, y dándose vuelta en medio del gentío, pregunta:
Jesús ¿Quién me ha tocado la ropa?
Pedro Ay Jesús. Ya ves cómo te oprime toda esta gente ¿y preguntas quién te tocó?
Jesús Alguien me tocó.
Narrador Entonces Teresa, que sabía muy bien lo que había pasado, asustada y temblando, se postra ante él y le cuenta toda la verdad.
Teresa Yo sabía que si lograba tocar, aunque fuera tu ropa, quedaría sana.
Jesús Hija, tu fe te ha salvado. Recupera la libertad de tu cuerpo y de tu espíritu. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad. Reintégrate a la sociedad. Nadie te puede apartar de la comunidad de los hijos e hijas de Dios.
Poncho ¡Jairo, Jairo! Tu hija ha muerto ¿Para qué molestar ya al Maestro?
Narrador Jesús se hace el desentendido y le dice a Jairo.
Jesús No tengas miedo, solamente ten fe.
Jairo Yo creo en ti, Jesús.
Jesús Pedro, Santiago y Juan, síganme solo ustedes tres. Los demás quédense con toda la gente y proclamen el Reino de mi Padre.
Narrador Cuando llegan a la casa del profesor, hay un gran alboroto: unos lloran y otros gritan. Jesús entra y les dice:
Jesús ¿Por qué este alboroto y tanto llanto? La niña no está muerta, solo está dormida.
Poncho Este Jesús está loco. Ni ha entrado al cuarto, ni ha visto a la niña y dice que está dormida, que no ha muerto. Primero debería ver, antes de andar diciendo tonterías.
Dora Pobrecita. Le dio esa fiebre horrible y en el Centro de Salud no tenían el antibiótico. Dicen que si no se le da en las primeras 24 horas, se mueren. Y así murió la niña.
Poncho La verdad es que ni siquiera han inventado la vacuna. Y los antibióticos que hay, no sirven.
Dora Yo por eso les dije que hicieran el jarabe de limón, con miel, sábila y ajo. Pero no me creyeron.
Poncho Y ese sí sirve. Cuando empezó malo Raulito, la Marta lo hizo y se lo dio a toda la familia. Rapidito se curó y los demás no nos enfermamos.
Dora Pero esta pobre niña se murió, por no creer en la medicina natural.
Carmen Resignación, comadre, resignación. Ya no se puede hacer nada.
Rosa Mi más sentido pésame.
Carmen Vamos a ponernos los vestidos negros.
Rosa Sí. Hay que llevar luto por 40 días y 40 noches.
Carmen Resignación, resignación…
Jesús Salgan todos de aquí. La resignación no es cristiana. Cuando un ser querido se va, debemos dar gracias a Dios por su vida y celebrar que ya está en la plenitud del Reino. La vida es más fuerte que la muerte. Y esta niña no está muerta. Está dormida.
Rosa No te pongas así, Jesús. Son tradiciones.
Jesús Las tradiciones se respetan, si dan vida. Pero nunca deben atarnos a prácticas equivocadas, que destruyen la esperanza.
Carmen (MOLESTA) Está bueno. Vonós a la funeraria. Allí siempre podemos practicar nuestras tradiciones, sin que nadie nos regañe.
Jesús Jairo, ven acá con tu esposa. Sólo entraremos nosotros.
Narrador Entran a donde está la niña, que apenas tenía 12 años. Jesús se conmueve ante ella, pensando en tantas niñas y niños que mueren antes de tiempo, víctimas del egoísmo y la ambición. Como un signo de otra sociedad distinta, donde se defienda la vida por encima de todo lo demás, la toma de la mano y le dice:
Jesús Niña, te lo digo, ¡levántate!
Narrador La jovencita se levanta al instante y empieza a corretear por todo el cuarto.
Niña ¡Qué feliz estoy! Estaba en un jardín bellísimo, con muchos niños y niñas, que jugábamos alegres. ¿Por qué me despertaron?
Jesús Para que le muestres a toda la gente que pueden vivir la alegría del Reino ya desde aquí, si aprenden a compartir.
Jairo ¡Milagro! Jesús hizo un milagro. Resucitó a mi hijita que estaba muerta.
Jesús Los verdaderos muertos son los egoístas y orgullosos, porque hicieron estéril la semilla de amor que mi Padre puso en ellos.
Jairo Jesús, eres poderoso. Con este milagro has mostrado tu gran poder.
Jesús Cállate, Jairo. No se lo digas a nadie. Es mi Padre quien hizo esta señal, para darle una Vida Nueva a esta niña, a ti y a tu familia.
Narrador En ese momento, llega Teresa, la mujer que acababa de curar Jesús, con un canasto de pan, que trae cargado el mismo samaritano que la había ayudado antes, para compartirlo con toda la gente que está en la casa de Jairo.
Teresa Los últimos centavos que me quedaban los usé para traer pan para que todos celebren conmigo.
Jesús Mujer, qué grande es tu fe y tu amor. De ahora en adelante, nunca te faltará el alimento de cada día, porque quien comparte, siempre tiene.
Narrador Con los panes que lleva Teresa, unos frijolitos que salieron quién sabe de dónde y un calientito café de soya, se hace una gran fiesta donde todos y todas comparten con alegría, haciéndose comunidad. Renace la verdadera Iglesia de Jesús con sus amigas y amigos.
Jairo Estoy feliz. Todos estamos felices. Lo que era un duelo se convirtió en fiesta.
Pedro Esta es la semilla de la nueva sociedad. Hay que convertir los sufrimientos del pueblo en fiesta de solidaridad, para que vivamos de verdad el Reino de Dios.
Jairo Gracias a Jesús y a todos los hermanos y hermanas. Jamás olvidaremos estos tres milagros.
Dora ¿Tres? ¿Por qué tres?
Jairo La curación de Teresa, la resurrección de mi hijita y el más difícil: el milagro de compartir.