|
Hoy se habla mucho de crisis de fe, pero lo que tú vives no es eso probablemente. En el fondo, tú sigues creyendo. Lo que ocurre es que no te sientes a gusto con Dios. Te resulta un «ser extraño». Cada vez que oyes hablar de él, te parece que te están hablando de algo lejano, artificial y vacío. A ti no te va ese Dios.
Y, sin embargo, tu andas buscando algo. No sabes cómo llamarlo, pero tiene mucho que ver con tu paz interior y con el sentido de tu vida. Ya no crees en Dios de manera ingenua, como cuando eras niño, pero si le descubrieras como alguien que te sostiene, te anima, te comprende y te da fuerza para vivir, tal vez empezarías a cambiar.
A veces piensas que lo que tú necesitas son «pruebas». Tener seguridad de que Dios existe; poder verificar que la religión encierra algo verdadero; comprobar que Dios es real. Por ese camino, corres el riesgo de no hallarlo nunca. Dios se encuentra en otro plano más profundo. No le puedes aprisionar en tu mente. Dios es el Misterio que te rodea por todas partes. Para descubrirlo, tienes que ahondar más.
Pero «ahondar» en la vida te parece complicado.
No es para ti. Habrá a lo mejor personas con una sensibilidad especial, pero tu no te sientes con fuerzas. Tú haces una vida normal como tanta gente. No te puedes dedicar a buscar a Dios. No está a tu alcance.
Sin embargo, Dios está mucho más cerca de ti de lo que te imaginas. Está dentro de ti. Está dándote vida constantemente. Si tú te abres, él no se cierra. Si tu escuchas, él no se calla. Si tú confías, él te acoge. Si te entregas, él te sostiene. Si te dejas amar, él se deja sentir.
Tú sabes que eres un ser pequeño y frágil, lleno de preguntas, miedos y deseos sin cumplir. No te resulta difícil sentirte una «criatura» infinitamente pequeña ante la vida, pero, ¿no eres, al mismo tiempo, una criatura infinitamente amada? Tú no estás solo. No te estás dando la vida a ti mismo. ¿Quién es el que te sostiene y hace vivir?, ¿no hay algo más que lo que tú puedes captar?, ¿es un disparate intuir una «Presencia» cercana y amorosa qué envuelve todo tu ser?
Detente ante el misterio del mundo. Míralo con amor. Míralo hasta el fondo. Intuye su grandeza insondable. ¿De dónde viene todo?, ¿por qué está ahí?, ¿no hay una fuente?, ¿no es la vida más grande de lo que nosotros captamos?, ¿nunca te has asombrado del Universo?, ¿nunca has sentido deseos de adorar el Misterio que nos rodea? Aquel gran científico y creyente que fue Teilhard de Chardin escribió estas palabras:
«Cuanto más hombre se haga el hombre, más experimentará la necesidad de adorar».
Si te quieres encontrar con Dios, no te quedes en fórmulas vacías ni en cumplimientos forzados de obligaciones religiosas; ahonda en tu propio ser, mira con hondura la creación. Si te quieres sentir a gusto
con él, no te quedes en rezos externos; siéntele a Dios como fuente de vida; déjale brotar en tu corazón como una «Presencia» grande, insondable, que te ama sin fin.
No eres el único que no se siente a gusto con Dios. A muchos les pasa lo mismo. El norteamericano A. M. Greeley, escritor cristianó y experto sociólogo, decía hace unos años que lo ordinario es encontrarse con cristianos «cuyas vidas no están marcadas por la alegría, el asombro o la sorpresa ni lo estuvieron nunca».
Viven encerrados rutinariamente en su religión, pero nunca han conectado con el Misterio de Dios. Y se les nota. En su vida no hay ese gozo y entusiasmo que vive el que ha descubierto por experiencia propia el «gran secreto de la vida».
Mucha gente está abandonando hoy la religión sin haber saboreado a Dios. Les entiendo. Yo haría lo mismo. Si uno no se siente a gusto con Dios, la religión. es un aburrimiento. Convéncete. Para ti, lo más importante es sentirte a gusto con Dios, percibirlo como una Presencia amorosa que te acompaña, te acepta como eres, te infunde fuerzas para vivir y te hace cada vez más humano.
Dios, no lo conozco
Dios, ninguno de nosotros lo ha visto.
Dios es el nombre que a veces doy
a lo más humano que siento en mi.
A mi me han enseñado
misterios y dogmas,
y me han hecho mal
porque eso me abrumaba.
Yo amo a Dios si es débil como yo...
Dios: no te conozco
Dios: te busco desde la aurora
Dios: ¡no me ocultes tu rostro!
Pierre Babin
|